sábado, 5 de diciembre de 2009

ENTREVISTA CON LA AGENCIA EUROPA PRESS

La segunda parte de 'De juzgado de guardia' ofrece nuevas anécdotas judiciales y evidencia "la misma realidad"
La segunda parte 'De juzgado de guardia', de los periodistas Javier Ronda y Jorge Muñoz, que se publica siete años después del lanzamiento de la primera, ofrece "nuevas anécdotas judiciales" y evidencia, según los autores, "desgraciadamente" que la realidad sigue "siendo la misma".
En una entrevista concedida a Europa Press, ambos autores afirmaron que "los problemas de la justicia siete años después siguen siendo los mismos o peores". En este sentido, Muñoz explicó que "el caso de la niña Mari Luz destapó el modo de trabajar en los juzgados con las avalanchas de expedientes y sentencias pendientes de ejecutar que dieron lugar a errores como los que sucedieron en el momento".
Asimismo, explicaron que "los problemas que se reflejan son los mismos tanto para la administración como para la sociedad, es decir, lentitud de la justicia o un lenguaje incomprensible para parte de la sociedad". Además, apuntó el caso de sedes "desastrosas", pues reconocieron que han llegando a ver algunas que se habían hecho en cocheras, reflejado en el libro en una fotografía, si bien "están mejorando las instalaciones", apuntaron.
Para Muñoz la anécdota más divertida y que refleja los problemas del lenguaje y la incomprensión de muchos ciudadanos de la terminología jurídico. Así, narró como un abogado le explicaba a su cliente que habían perdido la sentencia, pero que no era firme y podían apelarla. El señor le contestó que "a pelarla, a pelarla se iba a ir el juez", demostrando que "el señor desconocía el recurso de apelación y la incomprensión del lenguaje", apuntó el periodista de Diario de Sevilla.
La escritura a cuatro manos se lleva "bien, pues se han compenetrado correctamente para hacer el libro", según Ronda. Al hilo de esto, aclararon que tenían la idea en la cabeza e "iban apuntando los capítulos a abordar, uno comenzaba a escribir y se añadían las anécdotas".
Al final, Ronda, periodista de Canal Sur Radio, comentó que el resultado es "un trabajo productivo y divertido, ya que ningún capítulo ha sido difícil de afrontar y las anécdotas salen de todos los ámbitos de la justicia".
"VÁLVULA DE ESCAPE"
Los dos periodistas y escritores, de varias publicaciones, indicaron que "acostumbrados a escribir sobre violaciones, asesinatos y cosas graves, hacerlo sobre aspectos más agradables es como una válvula de escape para los dos".
Asimismo, aseguraron a Europa Press que se trata de "algo divertido y que les complace escribirlo, siempre intentado hacer un texto de lenguaje sencillo".
Muñoz se mostró consciente de que "el humor es bueno para todos los ámbitos de la vida, incluso para la justicia, pues detrás de ese aspecto serio, sombrío y lúgubre de funcionarios, jueces, secretarios judiciales y fiscales, hay personas con sus sentimientos".
Por otro lado, los periodistas especialistas judiciales aseguraron que las expectativas con la primera parte se cumplieron, pues el libro "sentó muy bien en el mundo de la justicia, ya que, pese a ser un libro de humor, se mostró respetuoso con la justicia", con la que trabajan y están en contacto diariamente, tanto Ronda como Muñoz.
"No se quería ofender a nadie, sino contar la experiencia vital de los juzgados", señaló Muñoz, quien apuntó que "cada día surgen nuevas anécdotas para nuevos libros", pero que de momento desconocen si existirá una tercera parte.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Entrevista en Diario de Sevilla

El cuarto poder baja al tercero


Jorge Muñoz y Javier Ronda publican siete años después una nueva entrega de ‘De juzgado de guardia’, con nuevas anécdotas y con los mismos problemas

FRANCISCO CORREAL | ACTUALIZADO 30.11.2009 - 07:39
En términos jurídicos, son reincidentes. Jorge Muñoz (Écija, 1970) y Javier Ronda (Ceuta, 1966) publican De juzgado de guardia (Oberon, 2009). Segunda parte. De la primera (en 2002) vendieron 50.000 ejemplares. Siete años después, de Aznar a Zapatero, “los problemas en la Justicia siguen siendo los mismos”, dicen completando la frase entre los dos, “la revolución digital no se hizo y hay una generación de jueces y fiscales que saben que se van a jubilar sin conocer la Ciudad de la Justicia”.

Estos dos periodistas que buscan el lado amable y divertido de un universo lóbrego, truculento, sombrío, se conocieron cubriendo el caso Arny. Jorge llegó a los Tribunales, “una manera elegante de llamar a la crónica de Sucesos”, desde el cierre de Europa Press. Javier Ronda, desde los Deportes. “Maradona había fichado por el Sevilla, lo llamaron a declarar por ir a más velocidad de la permitida con el coche por el centro de la ciudad. Fui como reportero de Deportes, pero me gustó más el mundo de los tribunales”.

Los dos niegan que la Justicia sea un cachondeo, derechos de autor de Pedro Pacheco. Es un espejo de la vida en el sentido que al espejo le da Stendhal cuando habla de la novela. “Todo está judicializado”, dice Muñoz, “el urbanismo, el medio ambiente, el fútbol, la política, las deudas económicas, raro es el día que no aparece en un periódico una sentencia o el auto de un juez”. Ronda lo suscribe. “Con mis alumnos de la Facultad hicimos un trabajo que demuestra que en los periódicos un 30% de los contenidos tienen que ver con temas de tribunales. El Alakrana es un asunto que nace como crónica de sucesos y acaba en debate político nacional e internacional”.
Lo más novedoso de la Justicia es que hay hay jueces –Garzón, Grande-Marlaska, Pedraz, Gómez Bermúdez– tan conocidos por el gran público como los futbolistas más populares. “No hace falta salir de Sevilla. Mucha gente ha oído hablar del juez Serrano y la juez Mercedes Alaya, que lleva los casos Mercasevilla y Lopera”.

No sólo a estos periodistas les gusta escribir y suman unos cuantos libros entre los dos. El fiscal superior de Andalucía, Jesús García Calderón, ha publicado libros de poesía. “Hay jueces que cantan ópera, que tocan la guitarra, que escriben relatos. La secretaria del caso Farruquito va a hacer una exposición con sus pinturas. Hay jueces cofrades y que les gusta el fútbol. El día que el Sevilla jugó la final de Eindhoven, los juzgados quedaron desiertos”.

Fútbol y Justicia. Deporte en el que se habla de jueces de línea, del juez de la contienda. “Pero en la Justicia el empate está desterrado, aquí no hay cerocerismo. Eso es lo más duro, lo más difícil del trabajo del juez. Uno gana y otro pierde”. El tercer poder analizado por el cuarto. “El lenguaje jurídico no es accesible”, dice Ronda, “he hablado con algunos jueces y casi nos dan las gracias porque con el lenguaje periodístico decodificamos su manera de expresarse. Y además lo hacemos con humor y con respeto”.

El público también se adentra en una jungla de vocablos ajenos. Jorge Muñoz recuerda el caso de un acusado de asesinato que trajo mucha polvareda. “Le dijo a la juez: ‘señoría, me agarro a la quinta enmienda’. Su abogada dijo que quería decir que se acogía al artículo 24 de la Constitución Española, el equivalente a esa fórmula de los juicios americanos que le sonarían de alguna película. El acusado hizo una pregunta más rotunda: ‘¿Puedo ir al servicio? Es que no me puedo aguantar”.
Jorge y Javier no son Jorge Javier, pero vivieron la irrupción del mundo rosa en los tribunales. “Introducen el derecho a la intimidad y la defensa del honor”. Con el mazo dando. “El mazo desapareció con los crucifijos”. El cardenal Amigo se despidió de la diócesis hispalense al pasar por Écija, la patria chica de Muñoz. “Las togas y las sotanas siempre se han llevado muy bien”.

¿Picaresca, drama, comedia, tragedia? ¿Cuál es el género literario dominante en el mundo judicial? “Te encuentras gente que ha perdido a un familiar por asesinato o por accidente de tráfico. No es nada divertido. Por eso el libro es una válvula de escape”. Los juicios de faltas son el contrapeso. Anécdotas como el del hombre que acudió de noche al juzgado de guardia para casarse o el que presentó una denuncia contra su mujer por maltrato psicológicamente con el argumento de que “llevaba cinco días sin querer hacer el amor con él”.

Juan Guerra, Arny, duque de Feria, Farruquito, Contsa, Marta del Castillo, Bazar España. Sevilla tiene un campo magnético en el mundo judicial. “Cosas pasan en todos sitios”, comenta Ronda, “en Sevilla, en Orense y en Teruel”. Muñoz asegura que los casos de Sevilla tienen a veces más relevancia mediática que los de Madrid o Barcelona. Su compañero apunta motivos. “Será la manera de expresarse, la idiosincrasia de la gente, el clima. En ningún otro sitio ves a los familiares de un acusado tocando las palmas en la terraza de un bar. Yo fui a cubrir el caso de las niñas que mataron a otra en San Fernando. El juez hizo coincidir el juicio con la final de los Carnavales del Falla. Había gente que iba disfrazada”.

Conocer los entresijos de la Justicia no les hace más escépticos. “La Justicia es justa”, dice Muñoz, “tiene mecanismos para corregir los errores. Éstos son mínimos, pero muy llamativos”. Hay jueces que fueron alcaldes (Ventura Mariño en Vigo), que lo son (Belloch en Zaragoza), que lo quieren ser (Zoido en Sevilla). “Es curioso, porque una de las tareas del juez es controlar a los políticos”.

Los juicios de faltas son una mina para el anecdotario. Y los Registros Civiles. “Ya se le puede poner a un niño Pepe, Paco o Nacho. Pero el juez no permite que le pongan un nombre que pueda ser peyorativo. Una madre llegó al Registro Civil de Tenerife, le quería poner a su hijo Kunta Kinte”.

Jueces, policías, guardias civiles y... bomberos
Javier Ronda jugó en la Unión Africana Ceutí con Nayim, autor del gol que le dio al Zaragoza la Recopa contra el Arsenal. Trabaja en Canal Sur. Hijo de un funcionario de Correos, tiene dos hijos, Javier y Pilar. Cubrió los juicios de las niñas de Alcasser, Puerto Hurraco y el comando Andalucía de Eta que asesinó al matrimonio Jiménez-Becerril y a Muñoz Cariñanos. Publicó Tricornio de guardia y enseña Periodismo de Tribunales y Sucesos. Jorge Muñoz es redactor de Tribunales de Diario de Sevilla. Hijo de un administrativo, acaba de ser padre de una niña, Isabel Soledad. Publicó La sombra de un bailaor sobre el caso de Farruquito. Con Fernando Pérez Ávila, compañero del Diario, publicó Poli de patrulla. Jueces. Policías. “Ahora me han ofrecido un libro sobre los bomberos”.

jueves, 19 de noviembre de 2009

LA SEGUNDA PARTE DEL LIBRO YA ESTÁ EN LA CALLE


Ya está en la calle la segunda parte del libro "De juzgado de Guardia", publicado por Oberon (Anaya), en el que podréis encontrar nuevas y ricas anécdotas de nuestros tribunales de Justicia.
Desde este blog, los autores os irémos informando de las novedades relacionadas con el libro y de las presentaciones que se vayan haciendo del mismo en distintas ciudades.

domingo, 6 de septiembre de 2009

DE JUZGADO DE GUARDIA DOS, MUY PRONTO EN LAS LIBRERAS

La segunda parte de 'De Juzgado de Guardia' estará muy pronto en las librerias españolas. Desde el blog os informaremos. Un saludo.

viernes, 1 de agosto de 2008

Las habitaciones disponibles

En la revista de la asociación de jueces Francisco de Vitoria hemos encontrado la siguiente anécdota, que ocurrió en un juzgado de Primera Instancia e Instrucción durante la celebración de una vista por un procedimiento civil. Todo era muy solemne. Se hacen muchas preguntas y todas se responden de esta forma, hasta que se pronuncia la siguiente:
-¿Podría usted decir cuántas habitaciones tiene su casa? -interpela el fiscal.
El interrogado, que está tranquilo, se toma su tiempo para responder. Hace un cálculo mental, acompañado de un silente movimiento de labios, y se dirige al tribunal planteando una aclaración:
-Lo que me pregunta es ¿contando la cuadra?
Primero se rió su abogado -para dentro, claro está-, después el letrado contrario, con algunas convulsiones y haciendo ya ruido. Luego, sin cortarse para nada, los dos procuradores, y finalmente el juez se sumó a las risas. El secretario dio fe de todo, mientras también se reía. El litigante presenció la escena muy serio. No entendía dónde estaba la gracia.

martes, 26 de febrero de 2008

Las confusiones con el lenguaje jurídico

Ocurrió hace unos días a las puertas de los juzgados de Sevilla. Un abogado se había citado con su cliente, de raza gitana, para explicarle cómo había terminado el juicio que había tenido y la sentencia que había puesto el juez.
--Lamento decirte que el juez te ha condenado, pero no te preocupes que vamos a apelar la sentencia --comentó el letrado.
--¡A pelarla, A pelarla! ¡A pelarla se va a ir el juez! --manifestó el condenado con absoluta espontaneidad.
Todo un ejemplo de que el lenguaje jurídico sigue causando confusión entre los ciudadanos.

martes, 18 de septiembre de 2007

El canto del gallo....

Una buena parte de los asuntos que llegan a los tribunales de Justicia a diario guardan relación con problemas de convivencia y las clásicas disputas vecinales. El enfrentamiento no sólo afecta a personas que viven en los ambientes urbanos, sino que llega incluso hasta zonas rurales, cuestionando la grandeza de la vida en el campo y visión idílica que refleja la poesía bucólica. Esto es lo que ha ocurrido entre dos vecinos de la localidad de Palomares del Río, con parcelas colindantes, y que han llegado a juicio por la instalación de un gallinero. La parte demandante sostiene que la depresión que sufre se debe a los malos olores que desprende el gallinero y a los ruidos –el canto del gallo a cualquier hora del día y de la noche– que le impiden conciliar el sueño, mientras que el propietario de los animales niega la mayor.
Entre una y otra versión, después de analizar las manifestaciones de los testigos aportados por cada una de las partes, la Justicia ha llegado a la conclusión de que no puede acreditarse que el ruido de estos animales sea la causa etiológica de la enfermedad alegada por el denunciante, tal y como han dictaminado un juzgado de Coria del Río y la Sección Octava de la Audiencia Provincial de Sevilla.
La sentencia señala, en primer lugar, que no existen malos olores ni insalubridad alguna derivada del gallinero, cuyas instalaciones "se encuentran en perfectas condiciones de limpieza y salubridad".
En cuanto a la cuestión de fondo, la posible contaminación acústica, los magistrados reflexionan que "el ruido que puedan hacer tres gallinas y un gallo no puede afirmarse que constituyan la causa de graves molestias y daños en la salud". Tampoco creen los jueces que estos sonidos impidan dormir al demandante, "pues son los típicos ruidos de ambientes rurales, como el ruido de las campanas en los pueblos de Andalucía y de toda España".
Para resolver esta disputa entre vecinos, los magistrados han analizan en la sentencia el nuevo concepto de propiedad, hoy en día limitado por razones de índole social, entre las que se encuentran las limitaciones derivadas de las relaciones de vecindad. La sentencia recuerda que la propiedad no es en la actualidad un poder omnímodo sobre la cosa, sino que puede ser limitado cuando, por ejemplo, el dueño realiza una actividad que perjudica a los vecinos. El tribunal sostiene, no obstante, que no puede consentirse que "la propiedad de una vivienda dé carta de naturaleza par impedir a un vecino sin causa razonable y lógica tener un gallinero, con un gallo y tres gallinas, pues no se ha acreditado la relación de causa-efecto entre el gallinero y la enfermedad del recurrente".
Otro de los argumentos en lo que se fundamenta el rechazo de la demanda pare del hecho de que el vecino mantiene en perfectas condiciones su corral, que además está ubicado en una "urbanización de un pueblo, eminentemente rural, donde las ordenanzas municipales permiten, como no podía ser de otro modo, la tenencia de animales domésticos y domesticados en los domicilios particulares, siempre que las circunstancias de alojamiento, la adecuación de las instalaciones y el número de los animales lo permitan, tanto en el aspecto higiénico-sanitario, como por la no existencia de situación alguna de peligro e incomodidad objetiva para los vecinos o para los propios animales".
Siguiendo este razonamiento, los jueces creen que los ruidos de un gallo y tres gallinas son los derivados "de su propia naturaleza y no causan ninguna incomodidad objetiva, y si causan alguna incomodidad o perjuicio será por causas subjetivas del propio recurrente, por sus propias circunstancias personales y no porque el canto del gallo sea por sí molesto, incómodo o insalubre", puntualiza el fallo, que ha impuesto además las costas procesales al vecino que presentó la demanda para que la Justicia ordenara la retirada del gallinero.
En el juicio que se celebró en los juzgados de Coria del Río, los testigos aportados por la familia que denunció las perturbaciones causadas por el gallinero coincidieron en que apreciaron los malos olores y el reiterado canto del gallo, con las molestias inherentes. Por su parte, el dueño del corral aportó otros tantos testigos que pusieron de manifiesto que en la misma zona existían otros gallineros con animales porque, aunque se trata de un suelo urbano, la urbanización es "muy tranquila y de ambiente rural", por lo que no apreciaron daño alguno. Como ocurre en muchas ocasiones, cuando no se puede optar por dar mayor credibilidad a una versión sobre otra, la Justicia debe dictar una sentencia absolutoria.

lunes, 11 de junio de 2007

Un asesino que se "agarra a la Quinta enmienda"

El juicio se había iniciado en medio de una gran expectación por parte de los periodistas y con la petición de que se celebrara a puerta cerrada ante las posibles coacciones al jurado popular encargado de juzgar al asesino de un conductor, que fue tiroteado en plena calle tras atropellar de forma leve a la hija de un gitano. El acusado había contestado ya a las preguntas del fiscal y le tocaba el turno a la acusación particular, pero se negó a hacerlo amparándose en la legislación de Estados Unidos.
--Señoría, ¡me agarro a la quinta enmienda!" --exclamó el acusado, quien dejó estupefactos al tribunal y despertó alguna sonrisa del público.
Casi sin tiempo para reaccionar, la juez que presidía el tribunal contestó de inmediato a la petición del acusado.
--Como estamos en España, entiendo que se acoge al artículo 24 de la Constitución Española --dijo la juez, en alusión al precepto que consagra el derecho de toda persona acusada de un delito a no declarar contra sí mismo y a guardar silencio.
El procesado respondió que se acogía a su derecho a guardar silencio, pero tenía otra petición:--¿puedo ir al servicio?, es que me estoy meando....
No fue la única anécdota del juicio, porque cuando el acusado entraba en la sala de vistas sus familiares pidieron "respeto y tranquilidad" ante el revuelo que se formó. Un policía replicó "tranquilidad era lo que él tenía que haber tenido" el acusado el día en que se produjeron los hechos.

martes, 22 de mayo de 2007

Mandar "a la mierda" a un juez puede costarle sólo 20 euros

La Fiscalía de Sevilla ha pedido una multa de 20 euros para una joven por haber mandado “a la mierda” al juez y a los funcionarios del Registro Civil de la ciudad. Los hechos ocurrieron a mediodía del 15 de mayo y fueron enjuiciados en un juicio de faltas en el que compareció como denunciante el magistrado del Registro Civil, Eugenio Pradilla. El propio juez relató que el incidente se produjo cuando oyó a una persona hablando “en voz alta”, por lo que, tras invitarla a que pasara a su despacho, le pidió que moderara su tono. Como la joven hizo caso omiso al requirimiento y comenzó a tratarle con desdén, afirmando que los funcionarios “no servían para nada”, el juez le pidió que se marchara de su despacho. Ante su negativa, requirió a un agente de la Guardia Civil para que acompañara a la mujer fuera del Registro Civil. Cuando salía de las dependencias, la mujer “mandó a la mierda” al juez y a los funcionarios mientras el público asistía atónito a la escena, según el testimonio del juez.En su descargo, la joven afirmó que llevaba dos meses pidiendo una partida de nacimiento y que se encontraba bastante “alterada y nerviosa”. La acusada reconoció haber pronunciado los insultos, pero dijo que “no era su intención” y pidió expresamente perdón al magistrado por sus desafortunados comentarios. La fiscal, en atención al arrepentimiento y al nerviosismo alegado por la joven, pidió la pena mínima: una multa de 20 euros.El juez José María Méndez, encargado de dictar la sentencia, que impondrá la multa pedida, recordó a la acusada que en un estado democrático y de derecho “siempre se debe guardar respeto” y comentó que él mismo perdió recientemente un pleito por una caseta de Feria y, a pesar de la adversa resolución, “no ha dicho ni mu”.

viernes, 4 de mayo de 2007

Sólo le falta el vado. La fotografía muestra el juzgado-cochera que la consejería de Justicia de la Junta de Andalucía mantiene abierto en la localidad sevillana de Sanlúcar la Mayor como juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 3. Cabe preguntarse si además de utilizarse como sede judicial estas dependencias pueden servir para aparcar los vehículos oficiales. Huelgan más comentarios.

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